La Patagonia

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REALIDAD DE LAS COMUNIDADES RURALES

 

Los pobladores de las comunidades rurales viven mayormente de la cría de ganado menor -que utilizan para obtener carne y lana-. Esta actividad genera pocos ingresos y restringe su dieta, con consecuencias en el desarrollo de las personas. Las tierras son escasas y poco productivas con procesos de desertificación y sin servicios básicos.

Principales problemas

 

Acceso al agua
Las familias reciben el agua directamente de la vertiente (o a veces del pozo), en la mayoría de los casos deben acarrearla en baldes y en épocas secas se quedan sin agua, además es agua que no cuenta con ningún tratamiento.
Marginalidad
La línea sur de Río Negro no cuenta con energía eléctrica de red, ni para el consumo en el hogar ni para la producción. Algunos parajes utilizan lámparas a kerosén o poseen motor a gasoil para generar energía eléctrica unas horas al día, pero son costosos y se rompen con frecuencia.
Desertificación
avanzada de la región son agravados por la cría de cabras y ovejas y la falta de planificación en el uso de las pasturas. Los pobladores suelen desplazar los animales en busca de pasturas, con pariciones a campo abierto y altas pérdidas por depredación y factores climáticos.

Un alto porcentaje de la población rural económicamente activa (alrededor del 90%) trabaja en forma informal, y por lo tanto carece de obra social y aportes jubilatorios. La dependencia de los planes asistenciales gubernamentales genera condiciones de pasividad y falta de estímulo ante nuevas oportunidades de desarrollo.

Dentro de un contexto de vulnerabilidad general, los pobladores rurales del noroeste de la Patagonia se enfrentan a grandes obstáculos para desarrollar su producción.

En cuanto a los suelos, las comunidades mapuche no cuentan con espacio suficiente para crecer e incluso mantener la producción histórica, y las comunidades criollas asentadas en zonas rurales también presentan una situación adversa y de subsistencia.

La cría de ganado menor que erosiona el suelo -ovejas y cabras-, la sobreexplotación y los procesos avanzados de desertificación permiten una baja producción de carne por hectárea.

La comercialización de los productos de los pobladores rurales se dificulta por su heterogeneidad, determinada por la escasez de agua y su mal aprovechamiento, la no reproducción de especies forestales nativas y de plantas tintóreas y medicinales, la ausencia de nuevas tecnologías y la limitada oferta forrajera.

Con estas dificultades, la dieta de los niños y las familias en general queda condicionada: es pobre en frutas, verduras y hortalizas, limitándose a víveres secos de la partida provincial con bajo contenido de vitaminas y minerales. Esto genera un alto grado de desnutrición infantil, perjudicando el rendimiento mental y físico, redundando en repitencia y abandono escolar.

Las familias, en busca del crecimiento y la superación, comienzan a interesarse por complementos productivos como el cultivo bajo cubierta, la producción de frutales y fruta fina, la producción de aves, la cría de llamas, la industrialización de alimentos, las mejoras de infraestructuras productivas, las artesanías y el turismo.

Indicadores de falta de acceso al agua en comunidades rurales. Desertificación del suelo de zonas productivas de Patagonia… Sequía y declaración de emergencia

Ver informe de INTA sobre esto

Donde buscaríamos

 

ver estudio de factibilidad de RN para ver qué sitios se consultaron con estadística buena.

ver sitio Red Comunidades Rurales. tienen algo ya armado? justo se està cambiando la Web.

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LA EDUCACIÓN EN LAS ZONAS RURALES

 

En general, los jóvenes de zonas rurales tienen acceso a la educación primaria, ya sea con la modalidad de internado en escuelas rurales o a través del servicio de transporte provincial.

Sin embargo, las escuelas secundarias en general se encuentran en zonas urbanas, y no cuentan con albergue ni transporte. Las orientaciones también suelen estar pensadas para los centros urbanos, y sólo acceden a la educación media los jóvenes de los ámbitos rurales cuyas familias pueden facilitar vivienda y contención en los centros urbanos.

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Cantidad jóvenes que no terminana el secundario.

En el ámbito rural, la a ausencia de escuelas, las distancias y las escasas posibilidades económicas de las familias para costear estudios y albergue a sus hijos no permite romper el círculo de pobreza y vulnerabilidad en que están inmersas.

En este contexto, los jóvenes que acceden a las escuelas de formación agrotécnica como el CEI San Ignacio o el CEA Valle de Cholila, tienen la posibilidad continuar sus estudios en la universidad, desarrollar su propio emprendimiento productivo o trabajar en alguna empresa o campo de la zona. Y de hecho hay numerosos ejemplos de estudiantes en cada opción, contribuyendo al desarrollo local sustentable de sus comunidades y familias.

En el caso del Primario Semipresencial de Adultos, la escolarización de pobladores de 14 años en adelante que no finalizaron la escuela primaria tiene un fuerte impacto en sus posibilidades de ejercicio de su ciudadanía.

En referencia a las mujeres, a las limitaciones materiales se suman los factores culturales que minimizan la importancia de su educación. Inicialmente las familias no querían enviar a sus hijas a la escuela, sino sólo a los hijos. De a poco y a partir de ver los resultados de las primeras niñas que culminaban el secundario se fueron incorporando progresivamente a nuestras escuelas, y hoy el porcentaje de alumnas mujeres está en crecimiento, acercándose al de los varones. En el caso de las mujeres, la formación no sólo permite ampliar sus horizontes laborales sino también repercute directamente en la calidad de vida familiar, la alimentación, prevención en salud y educación de los hijos.